viernes, 16 de mayo de 2014

Culpa de Invierno

Estoy en mi habitación junto a mi madre terminando de abotonar mi abrigo, cuando suena el teléfono y  ella sale corriendo a  contestar, debe ser una de sus llamadas sobre descuentos en ropa o zapatos, por estos días es lo único que la alegra. Mi padre por su parte, está en su sillón favorito leyendo el periódico como es costumbre, con expresión seria y firme. Miro por la ventana y veo la nieve caer en copos desiguales, otro día frío en Kirovsk.

Mi nombre es Sofía Vólkov Smirnov, tengo 12 años y vivo en Rusia. Provengo de una familia con herencia militar por lo que todos suelen ser muy serios y distantes, por esta razón no es raro que yo sea tímida y algo solitaria. Víctor y Emily son mis padres, se conocieron en 1982 en esta misma ciudad cuando mi padre era sargento de la tropa 12 del ejército, y mi madre una mujer alegre y radiante de 21 años. Mi abuelo era teniente y fue él quien presento a mis padres, todo sucedió en un evento a beneficio para las víctimas de guerra.

-Víctor muchacho, ven conmigo deseo presentarte a alguien muy especial.
-Desde luego señor.
- Ella es mi hermosa hija, Emily.
-Mucho gusto señorita. Mi nombre es Víctor Vólkov.
-Emily Smirnov, encantada.
Mi abuela cuenta que fue un momento mágico, desde que sus miradas se cruzaron supo que sería para siempre. Lástima que ya no es así, a pesar que siguen juntos el amor entre ellos no se nota, han pasado 12 años desde ese día y no recuerdo cuando fue la última vez que se miraron con ternura o  se sonrieron.

-¿Sofía estas lista? Tu padre nos espera en el auto y sabes cuánto se molesta si lo hacemos esperar.
-Ya voy mamá.
-¿Por qué tienes esa cara hija? Iremos al lago.
-Por eso.
-No seas así, antes te encantaba.

Mi madre tiene razón, hace un par de años disfrutaba mucho de nuestros paseos al lago, los árboles verdes y frondosos, las personas haciendo picnic, y mis padres riendo como niños mientras jugábamos. Todo era perfecto, pero ahora es diferente, mi madre se sienta en un banco  junto a mi padre mientras él lee indiferente, y yo por mi parte me quedo en la nieve observando los copos caer sobre mi rostro.

-Sofía baja del auto, ya llegamos.
-Ustedes adelántense, yo iré a estacionar el auto- dice mi padre, serio como siempre.
-Está bien cariño, vamos hija.

 Bajamos por una pendiente algo inclinada con dirección al lago, el camino es hermoso todo cubierto de nieve, los árboles parecen gigantes de hielo que vienen a atraparnos.
Estoy sentada en la nieve, dibujando con un trozo de madera mientras observo a lo lejos a mis padres, sentados uno al lado del otro como si fueran desconocidos. 
De pronto diviso a un joven que viene en dirección a mí, no lo conozco, jamás lo he visto.

-Hola Sofía- dice sonriendo.
-Hola – respondo algo confundida.
-No me reconoces ¿verdad?
-No lo creo.
- Es lógico, eras muy pequeña cuando te vi por última vez. Mi nombre es Vincent, soy un viejo amigo de tus padres.
-Ellos están por allá, si quieres podemos ir a saludarlos.
-Me encantaría, pero no puedo. Sólo tú puedes verme.
- ¿A qué te refieres con que sólo yo puedo verte?- pregunto confusa.
-Estoy muerto Sofía.

Me quedé helada, no supe que decir, no sabía si era algún tipo de broma o juego macabro. ¿Quién era este hombre? y ¿por qué decía estas cosas? ¿Qué pretendía? Decidí averiguarlo.

-¿Es una especie de broma? No me gustan los juegos.
-No, claro que no, hablo muy enserio. Sé que es una noticia difícil de digerir pero necesito que confíes en mí y escuches lo que tengo que decirte. Es muy importante.

Su voz parecía real, tenía una expresión seria pero amable.

Conocí a tu padre el año 1980 cuando ambos pertenecíamos a la tropa 12 del ejército y nos hicimos grandes amigos. 2 años después conoció a tu madre y se casó con ella, al poco tiempo te tuvieron y durante ese lapso seguimos en contacto aunque no tanto como antes. El 16 de junio de 1983 era mi cumpleaños así que organizamos una salida con tu padre para celebrar y recordar viejos tiempos, nos juntamos en nuestro bar favorito y tomamos unas copas. Ya eran pasadas las 11 de la noche cuando tu padre recibió una llamada de tu madre diciendo que lo necesitaba en casa porque su princesita estaba llorando y pidiendo a su papi. Antes de irse me pidió como favor que pasara a la oficina a recoger unos papeles por él ya que necesitaba llevarlos el lunes a primera hora, yo le dije que por supuesto, no había problema. Era invierno y afuera estaba helando como nunca, la neblina era espesa y costaba distinguir a lo lejos cualquier cosa, me subí a mi automóvil y conducía con mucho cuidado, iba doblando la esquina para llegar a mi destino cuando diviso unas luces brillantes que se acercaban a toda velocidad, traté de esquivarlas pero me fue imposible, mi auto patinaba debido al hielo y se estrelló con fuerza contra el otro vehículo. Mi muerte fue instantánea y tu padre nunca pudo superarlo, se sentía culpable. Ahora parece una sombra de lo que era, es por eso que necesito tu ayuda para que vuelva a ser el amigo que recuerdo y el padre que mereces.

Su relato me estremeció y conmovió, me levanté del suelo y caminé lentamente hacia el banco donde estaban mis padres, cuando llegué junto a ellos, mi padre bajo su periódico, me miró y  dijo: ¿Qué sucede Sofía?


                                                 FIN

Si vieras dentro de mí


Pequeños ojos resguardados por dos gigantes de vidrio
Ven el mundo como si fuera un sueño
Tez clara, labios finos, cabello oscuro forman un lindo trío
Mas el segundo tiene un arma secreta, una avalancha
Repleta de letras.

Agradable hasta cierto punto
Enojona con los seres molestos
Tierna con quien lo merece
Orgullosa en los peores momentos.

Aficionada al cine y la música
Experta en asuntos de sueño
Lectora en las tardes de ocio
Cantante por pasatiempo y escritora en
Secreto.

Dibujante de mundos nuevos
Cocinera a prueba y graciosa
A medias.

Las mentiras son como nubes negras
Sobre mi día de verano
La soberbia me produce un dolor de
Estómago incurable
La envidia y el egoísmo son como dos idiotas
Que arruinan la fiesta
Pero el peor de todos es el que ríe mientras todos
Lloran.