Estoy en mi habitación junto a mi madre terminando de abotonar mi abrigo, cuando suena el teléfono y ella sale corriendo a contestar, debe ser una de sus llamadas sobre descuentos en ropa
o zapatos, por estos días es lo único que la alegra. Mi padre por su parte,
está en su sillón favorito leyendo el periódico como es costumbre, con
expresión seria y firme. Miro por la ventana y veo la nieve caer en copos
desiguales, otro día frío en Kirovsk.
Mi nombre es Sofía Vólkov Smirnov, tengo 12 años
y vivo en Rusia. Provengo de una familia con herencia militar por lo que todos
suelen ser muy serios y distantes, por esta razón no es raro que yo sea tímida
y algo solitaria. Víctor y Emily son mis padres, se conocieron en 1982 en esta
misma ciudad cuando mi padre era sargento de la tropa 12 del ejército, y mi
madre una mujer alegre y radiante de 21 años. Mi abuelo era teniente y fue él
quien presento a mis padres, todo sucedió en un evento a beneficio para las
víctimas de guerra.
-Víctor muchacho, ven conmigo deseo presentarte
a alguien muy especial.
-Desde luego señor.
- Ella es mi hermosa hija, Emily.
-Mucho gusto señorita. Mi nombre es Víctor Vólkov.
-Emily Smirnov, encantada.
Mi abuela cuenta que fue un momento mágico,
desde que sus miradas se cruzaron supo que sería para siempre. Lástima que ya no
es así, a pesar que siguen juntos el amor entre ellos no se nota, han pasado 12
años desde ese día y no recuerdo cuando fue la última vez que se miraron con
ternura o se sonrieron.
-¿Sofía estas lista? Tu padre nos espera en el
auto y sabes cuánto se molesta si lo hacemos esperar.
-Ya voy mamá.
-¿Por qué tienes esa cara hija? Iremos al lago.
-Por eso.
-No seas así, antes te encantaba.
Mi madre tiene razón, hace un par de años
disfrutaba mucho de nuestros paseos al lago, los árboles verdes y frondosos, las
personas haciendo picnic, y mis padres riendo como niños mientras jugábamos.
Todo era perfecto, pero ahora es diferente, mi madre se sienta en un banco junto a mi padre mientras él lee indiferente,
y yo por mi parte me quedo en la nieve observando los copos caer sobre mi
rostro.
-Sofía baja del auto, ya llegamos.
-Ustedes adelántense, yo iré a estacionar el
auto- dice mi padre, serio como siempre.
-Está bien cariño, vamos hija.
Bajamos
por una pendiente algo inclinada con dirección al lago, el camino es hermoso
todo cubierto de nieve, los árboles parecen gigantes de hielo que vienen a
atraparnos.
Estoy sentada en la nieve, dibujando con un
trozo de madera mientras observo a lo lejos a mis padres, sentados uno al lado
del otro como si fueran desconocidos.
De pronto diviso a un joven que viene en
dirección a mí, no lo conozco, jamás lo he visto.
-Hola Sofía- dice sonriendo.
-Hola – respondo algo confundida.
-No me reconoces ¿verdad?
-No lo creo.
- Es lógico, eras muy pequeña cuando te vi por última
vez. Mi nombre es Vincent, soy un viejo amigo de tus padres.
-Ellos están por allá, si quieres podemos ir a
saludarlos.
-Me encantaría, pero no puedo. Sólo tú puedes
verme.
- ¿A qué te refieres con que sólo yo puedo
verte?- pregunto confusa.
-Estoy muerto Sofía.
Me quedé helada, no supe que decir, no sabía si
era algún tipo de broma o juego macabro. ¿Quién era este hombre? y ¿por qué
decía estas cosas? ¿Qué pretendía? Decidí averiguarlo.
-¿Es una especie de broma? No me gustan los
juegos.
-No, claro que no, hablo muy enserio. Sé que es
una noticia difícil de digerir pero necesito que confíes en mí y escuches lo
que tengo que decirte. Es muy importante.
Su voz parecía real, tenía una expresión seria
pero amable.
Conocí a tu padre el año 1980 cuando ambos
pertenecíamos a la tropa 12 del ejército y nos hicimos grandes amigos. 2 años
después conoció a tu madre y se casó con ella, al poco tiempo te tuvieron y
durante ese lapso seguimos en contacto aunque no tanto como antes. El 16 de
junio de 1983 era mi cumpleaños así que organizamos una salida con tu padre
para celebrar y recordar viejos tiempos, nos juntamos en nuestro bar favorito y
tomamos unas copas. Ya eran pasadas las 11 de la noche cuando tu padre recibió
una llamada de tu madre diciendo que lo necesitaba en casa porque su princesita
estaba llorando y pidiendo a su papi. Antes de irse me pidió como favor que
pasara a la oficina a recoger unos papeles por él ya que necesitaba llevarlos
el lunes a primera hora, yo le dije que por supuesto, no había problema. Era
invierno y afuera estaba helando como nunca, la neblina era espesa y costaba
distinguir a lo lejos cualquier cosa, me subí a mi automóvil y conducía con
mucho cuidado, iba doblando la esquina para llegar a mi destino cuando diviso
unas luces brillantes que se acercaban a toda velocidad, traté de esquivarlas
pero me fue imposible, mi auto patinaba debido al hielo y se estrelló con
fuerza contra el otro vehículo. Mi muerte fue instantánea y tu padre nunca pudo
superarlo, se sentía culpable. Ahora parece una sombra de lo que era, es por eso que necesito
tu ayuda para que vuelva a ser el amigo que recuerdo y el padre que mereces.
Su relato me estremeció y conmovió, me levanté del suelo y caminé lentamente hacia el banco donde estaban mis padres, cuando llegué junto a
ellos, mi padre bajo su periódico, me miró y
dijo: ¿Qué sucede Sofía?
FIN
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